En ocasiones, para ciertas personas, el comportamiento sexual humano conlleva la realización de prácticas sexuales peculiares o poco comunes cuya fuente de placer no se encuentra en el coito, la masturbación o el sexo oral, si no en otra actividad, situación, característica u objeto que lo acompaña. Incluso a veces, el componente sexual es la mera excitación sin la necesidad de culminar en el acto sexual. Estas prácticas, comúnmente reciben el nombre de “Parafilias”.

Cabe destacar que la práctica de algunas conductas sexuales inofensivas aunque poco comunes no implica una parafilia por si misma. No se vive en una situación de parafilia si la práctica sexual poco habitual cumple estas tres condiciones:

  • Estas prácticas sexuales no son la única forma con la cual la persona alcanza goce sexual y puede obtener un orgasmo, sino que sean sólo una forma de sexo casual, voluntaria y no indispensable ni obsesiva para la práctica sexual. Por ejemplo, una pareja que practica el sadomasoquismo o la asfixiofilia con cierta regularidad, pero pueden sostener otro tipo de relaciones sexuales si así lo desean. En estos casos el fetiche se convierte únicamente en una práctica erótica que “condimenta” la relación, pero no en la relación en sí.
  • Si estas prácticas sexuales no causan daño físico, psicológico, económico, etc., a la persona que la practica o a las personas que están involucradas en la práctica. Se torna patológica cuando afecta nocivamente de forma objetiva la vida de la persona practicante, de quienes la rodean o de la sociedad en general. Ejemplo: un sádico sexual es inofensivo en tanto que sus parejas, adultas voluntarias, participen consentidamente en el acto sexual con las medidas de seguridad adecuadas. Se torna peligroso y parafílico cuando el sádico está descontrolado y se aboca a violar y torturar víctimas indefensas.
  • Cuando los involucrados son personas conscientes y voluntarias que participan del acto de forma consensuada. Esto, naturalmente, es imposible en algunas parafilias claramente transgresoras donde el objeto de placer del paráfilo no está en condiciones nunca de dar su aprobación y la relación sexual siempre puede causar daño como en la pedofilia, el frotismo y la somnofilia.

En síntesis no toda práctica erótica poco tradicional es una parafilia. Se torna como tal cuando deja de ser saludable y controlable por el individuo y cuando es evidentemente destructiva y enfermiza. Aquel que “guste de esposar a su pareja a la cama de vez en cuando” no es parafílico como si lo sería aquel “incapaz de tener relaciones si la persona no está esposada a la cama”.

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