Hace 3 mil años al sur de Asia, exactamente en el corazón de la India, existió un grupo de mujeres que inmortalizaron una de las técnicas más enigmáticas de todos los tiempos para encaminar a los hombres al placer. Esta forma de estimulación milenaria, también conocida como pompoir o kabazza es tan antigua como la prostitución. La primera en comprender esta técnica fue una prostituta en Shanghái que logró introducir y sacar el órgano masculino con tan sólo los movimientos de succión de su vagina.

Esta técnica se conoce como el “beso de Singapur” el cual, además de erotismo, está plagado de historia. La amante del rey Francisco I y Enrique II de Francia, Diane de Poitiers, tenía una habilidad especial para aplicar este método como un estimulante que llevaba a sus parejas y a ella misma al máximo placer. Después de que el “beso de Singapur” se extendió por toda la India, otros países como Tailandia y Japón sus siguieron los pasos.

Las geishas lograron llevar esta técnica aún más lejos con una variación del “beso de Singapur”. Ellas agregaron la participación de los músculos del abdomen a estos movimientos. Este nuevo procedimiento se conoce como kabazza y, aunque no se ha vuelto tan popular como el pompoir, es parte del descubrimiento con el que hoy muchas parejas se atreven a buscar un placer supremo en la cama.

Ya conocimos el origen de esta antigua estimulación, pero entender de qué
se trata el “beso de Singapur” es distinto. Todo se trata de la intensificación del orgasmo a través de movimientos específicos, con los que al momento de la penetración, las mujeres pueden estimular con mayor fuerza a su pareja.

Estos movimientos consisten en la contracción y relajación de los músculos circunvaginales para simular un efecto de succión, parecido al que los hombres sienten cuando reciben sexo oral de su pareja. Aunque estos movimientos pueden ser “naturales” en algunas mujeres, hay quienes no los han experimentado o que por alguna razón tienen más dificultades para llevarlos a cabo; sin embargo, no se necesita de nada en especial para practicar el pompoir.

Para que resulte más fácil intentarlo,  la mujer debe acomodarse encima de su pareja para que ella domine la escena. No hay una postura específica, pero siempre es mejor sentarse o recostarse sobre él.

-Una vez que el pene se encuentre dentro de la vagina hay que mantener la cadera quieta durante algunos segundos para concentrarse en el movimiento del músculo pubocoxígeno. Éste debe contraerse de manera rítmica e intensa para apretar el órgano masculino y así estimular un orgasmo potente.

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